El mundo de los libros en el siglo XXI
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La idea para este artículo se la debo a un video de YouTube que encontré hace un par de días sobre una chica que escuchaba un audiolibro de terror una noche sola en su casa. La cuestión es que el video estaba esponsoreado por Audible de Amazon. Había escuchado alguna vez sobre los audiolibros, pero nunca me llamaron realmente la atención. Hasta que el martes a la noche, aburrido en casa, me picó la curiosidad y, en un nuevo capítulo de mis bolucompras, decidí suscribirme.
Con la suscripción, Audible te regala un crédito por mes para cambiarlo por un libro a elección. Un sistema interesante, pero que me obliga a investigar bien qué libro realmente quería escuchar. Luego de scrollear durante una hora, finalmente me decidí por Never Flinch, el nuevo título de Stephen King. Al mismo tiempo me encontraba por la mitad del libro en papel The Institute, del mismo autor. Se me ocurrió que sería una buena idea comparar las diferentes maneras que tenemos de consumir libros hoy en día y también relacionarlo, por qué no, con el aprendizaje de idiomas.
Capítulo uno: audiolibros
Bueno, como contaba antes, conocía el concepto pero nunca le di mucha bola. Soy bastante clásico y tradicional, no me gustan mucho los cambios. Pero debo reconocer que me llevé una grata sorpresa.
El martes a la noche, aburrido en casa, armé una especie de “campamento” y me sumergí por primera vez en el mundo de los audiolibros. Debo decir que, como experiencia nueva, me gustó mucho porque no necesariamente tenía que prestar mucha atención la mayoría del tiempo y podía hacer otras cosas al mismo tiempo.
La lectura es inmersiva; las voces cambian y los sonidos son envolventes, lo que hace que los diálogos sean mucho más reales y creíbles. Las descripciones permiten que las imágenes en mi cabeza sean más visuales, y el ritmo es mucho más fluido, ya que no tenés que leer. Además, la experiencia es más entretenida, algo muy similar a ver una película.
Eso sí, primero canjeé mi crédito por el libro con el audio en inglés, y luego de 15 minutos de escucharlo lo devolví y elegí la versión en español. La razón fue que, si lo escuchaba en inglés, iba a tener que prestar más atención y también buscar las palabras o rebobinar para escuchar alguna oración que no entendía, y no era esa la idea. La idea era sentarme y disfrutar de la experiencia, sin pensar en el idioma.
El libro lo terminé la noche siguiente, por lo tanto avanzar también es más rápido que con un libro “normal”. Eso sí, si tenés tiempo.
Algo que me parece genial es que podés escucharlo mientras manejás, caminás o simplemente mientras hacés las tareas del día. Por lo tanto, la (poca) experiencia con los audiolibros fue positiva.
Capítulo dos: libros de papel
Para los clásicos como yo, saben que los libros de papel no se pueden comparar con casi nada. Es la manera tradicional, más antigua y más interesante. Vivimos en una era digital donde todo lo que hacemos involucra pantallas, por lo tanto, la conexión y el cariño que se puede lograr con un libro de papel va más allá de las épocas.
A lo largo de mis cortos veintiséis años de vida he leído muchísimos libros, tanto buenos como malos. Este último que estoy leyendo, por ejemplo, es uno de esos casos dónde la historia no me atrapó tanto. Cuando un libro o una historia no te resulta atractiva, la lectura es más pausada; pero cuando encontrás una verdadera joya, la lectura es atrapante.
Generalmente leo en inglés porque me acostumbré desde mi etapa de estudiante a hacerlo así, y hoy en día me parece una buena manera de mantener el idioma. Podés avanzar a tu propio ritmo y hacerle anotaciones.
La única desventaja que le encuentro es que son más caros y ocupan espacio. Pero si esto no es un problema para vos, sin dudas te recomiendo mucho la lectura en otro idioma.
Capítulo tres: Ebooks
Bueno, para hablar de ebooks tengo que contarles sobre la bolucompra más cara y más inútil que hice este año: mi Kindle.
Llevaba mucho tiempo pensando en comprarme uno. Me parecía fantástico poder llevar varios libros en un dispositivo como este. Sin embargo, desde que lo compré fueron pocas las veces que lo usé y la verdad es que no terminé ningún libro de los que leí en el.
Hay varias razones por las que los ebooks no me gustan. La primera es que, cuando lo compré, le cargué muchos libros que me interesaban y luego terminó siendo como una plataforma de streaming como Netflix: scrolleaba entre tantos libros y nunca me decidía cuál empezar.
La segunda es que, cuando por fin me dignaba a elegir uno, a los pocos capítulos me ganaba la ansiedad y cambiaba a otro libro.
La tercera es que parte de esa ansiedad me la daba el numerito de abajo de la pantalla que te dice cuántas horas o minutos te faltan para terminar el capítulo o cuántas páginas te quedan. Realmente, cuando leo en papel no le presto atención a eso, pero con el Kindle lo miraba todo el tiempo.
No quiero decir que es una mala opción, porque realmente no lo es. Tal vez soy yo el que no se adapta a este modelo, pero, en líneas generales, creo que está bueno.
Veredicto final
Como dije antes, nada se le compara al libro de papel. Aunque la opción de los audiolibros me sorprendió para bien también. Sin dudas es algo que voy a seguir utilizando.
En cuanto al Kindle, tal vez esté bueno para acompañar la lectura del audiolibro. Incluso más si es en el idioma que estás estudiando, porque de esa manera podés practicar leer y escuchar al mismo tiempo.