Porteños vs Marplatenses

Una de las cosas que siempre les digo a mis alumnos sobre Mar del Plata es la similitud que hay entre mi ciudad y la capital, Buenos Aires. Y es verdad: culturalmente pertenecemos a la misma región y nuestro acento, nuestras costumbres y nuestra manera de ver el país son muy similares.

Pero… también hay muchas diferencias entre el marplatense (persona que vive en Mar del Plata) y el porteño (persona que vive en la capital).

En este artículo les voy a mostrar algunas diferencias que recopilé entre familiares, amigos y conocidos sobre actitudes, palabras y formas de vivir de los porteños y de los marplatenses, para que en el futuro —si algún día visitan la ciudad— puedan entender mejor estas diferencias culturales.


Es de marplatense…

Salir a caminar a la costa

No sos marplatense si no te juntás con tus amigos, familiares o tu pareja en la costa.

Salir a caminar por la costa es parte de la rutina, especialmente cuando salís del trabajo o de estudiar. No importa si hace frío o calor, si es diciembre o pleno julio. Si el día está lindo, te llevás el mate, los bizcochitos y una reposera y te quedás mirando el mar.

Y si el día está fresco y no da para caminar o sentarse afuera, repetís el ritual dentro del auto.

Es parte de nuestra identidad.

Llevar una campera a todos lados y decir que la tormenta se la traga el mar

El clima en Mar del Plata siempre es una incógnita.

Podés levantarte a la mañana, ver el cielo nublado y decir: “bueno, me llevo un buzito o una campera”. Después, al mediodía, sale el sol y no sabés qué hacer con el abrigo. Típica situación marplatense.

Y después de las cinco o seis de la tarde, el viento cambia y no queda otra que abrigarse o quedarse adentro.

También es muy común escuchar que cuando hay tormenta “el mar se la traga”. Es una forma muy local de explicar cómo el clima cambia rápido cerca del mar.

Transporte público más caro y peor

Esto es, probablemente, lo que más odia el marplatense que depende del transporte público.

Durante la semana, hasta las siete de la tarde, los colectivos tienen cierta regularidad: uno cada 15 o 20 minutos, dependiendo de la línea.

Pero si tenés que tomarte un bondi de noche o un fin de semana… estás perdido. Podés estar muchísimo tiempo esperando.

Además, es el único medio de transporte público que tenemos. No hay subte ni trenes como en Buenos Aires. Incluso hay zonas de la ciudad que no están bien conectadas, y en esos casos tenés que tomar dos colectivos o caminar bastante.

En este punto, sin dudas, el porteño tiene ventaja.

Odiar (y necesitar) el turismo

Es un secreto a voces que el marplatense odia al turista.

Pero no a cualquier turista, sino al turista porteño que viene todos los años y hace exactamente las mismas cosas todos los veranos.

El problema es que, al ser una ciudad de temporada, lo necesitamos. Entonces tratamos de mantener una buena relación.

El turismo es una de las actividades económicas más importantes de la ciudad, junto con la pesca. Por eso mucha gente aprovecha los meses de temporada (enero, febrero y marzo) para trabajar más horas y ganar mejor.

Después de marzo, la ciudad se vacía y la actividad económica baja mucho.

Llamar trotadora a la entrada del auto

Esta es una palabra marplatense por excelencia.

La trotadora es la entrada para el auto, el espacio entre la vereda y el garaje.

Si le decís esta palabra a un porteño, probablemente no entienda qué significa o piense que estás hablando de una cinta para correr.

Evitar el centro y los lugares turísticos

Los principales lugares turísticos que visita el porteño cuando viene a Mar del Plata son lugares que el marplatense evita casi siempre.

Por ejemplo, el centro de la ciudad. Hace muchos años era una zona muy popular, con calles empedradas y mucho movimiento familiar. Pero con el tiempo se volvió más inseguro y descuidado.

El porteño, especialmente la gente grande, recuerda las épocas doradas y lo sigue recorriendo. El marplatense, en cambio, prefiere pasear por la calle Güemes o la calle Olavarría, salir a comer o tomar una birra en zonas más tranquilas.

Lo mismo pasa con las playas del centro, que en verano son prácticamente imposibles de disfrutar. El marplatense suele ir a la playa fuera de temporada o elegir playas del sur, más tranquilas.

También ocurre con lugares clásicos como Manolo, la Rambla o los lobos marinos: el turista los visita siempre; el marplatense, casi nunca.

Es de porteño…

Vivir de allá para acá

La realidad del porteño es muy diferente a la del marplatense.

El porteño pasa gran parte del día en la calle: tráfico, subte, colectivo, caminatas largas, horarios apretados. Todo se mueve rápido.

Además, la ciudad nunca descansa. Siempre hay movilizaciones, eventos, política, espectáculos, deporte, gente circulando a cualquier hora.

Pedir comida o helado a las tres de la mañana es completamente normal.

Hacer fila para tomar el bondi

Esto a los marplatenses nos da bastante risa.

En Buenos Aires es muy común que la gente haga fila para subir al colectivo. En Mar del Plata eso prácticamente no existe.

Acá llega el bondi y la gente sube como puede. No hay fila, no hay orden, es más espontáneo.

Decirle “costanera” a la costa

Si alguien dice: “vamos a caminar a la costanera”, automáticamente asumimos que es porteño.

En Buenos Aires existe la costanera, especialmente en Puerto Madero, donde la ciudad se conecta con el río.

Pero en Mar del Plata nadie dice costanera. Es simplemente la costa.

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